Myanmar – Confirmado!. Llegué con la mente abierta y me voy con el corazón lleno!.

LO MÁS DESTACADO DE MYANMAR: SU GENTE. 

La verdad que como comentaba en el blog anterior, las primeras impresiones no me defraudaron, sino que se confirmaron totalmente. A menos de 24 horas de dejar este increible país y seguir hacia el este asiático, Laos país limítrofe, me siento a escribir y compartir algo que hasta ahora no había sentido tan intensamente en los países visitados. La energía de la gente de Myanmar me despide lleno de alegría y emociones. Me han tocado más fibras sensibles que en otros sitios, me han hecho sentir y vivir intensamente su cultura, su realidad, sus ganas de ser parte del mundo y entender qué parte juego yo en el suyo. Super amables, dispuestos, ¨educados¨, alegres, interesados por escuchar y saber lo que sea que quieras contarles y mostrarles. 

Un pueblo pobre con un pasado lleno de luchas de reyes y reinos, de disputas entre las más de cien etnias que lo pueblan, de invasión japonesa, de tres anglo guerras y trescientos años de dominación y colonia inglesa, de más de cincuenta últimos años de opresión y dictadura militar que los ha mantenido aislados del mundo, con los derechos humanos absolutamente no respetados.

En donde sea que fui, mi sonrisa fue siempre correspondida y rápidamente abrazada. Es muy fácil sentir el cariño de la gente y su necesidad por tener contacto con ¨los de fuera¨. Es como si te conocieran de antes; con pocas palabras y gestos y sin darte cuenta estás rodeado de diez o quince personas (inclusive niños), que muy respetuosamente te escuchan y te hacen preguntas sin invadirte. También imagino aunque nadie me lo ha dicho, que cualquier inconveniente con los turistas puede ser brutalmente penado, y dudo que quieran pasar por una denuncia o un mal momento. La historia de los útimos años entiendo que los ha ¨educado¨ con rigor y miedo, y el turismo es hoy la puerta abierta al mundo, la apuesta del gobierno. A modo de ejemplo, recuerdo que cuando en Yangón quise cruzar el río en barcaza en lugar de ferry, se acercó a mi el gerente de los ferrys y me explicó que no era seguro para mí. En caso de algún accidente con un turista, el coste de imagen para el país sería muy alto; en cambio, el riesgo de que algo pase con los locales carece de importancia, aún su muerte. Increible!!. 

Todos venden todo y de todo, todos compran y ofrecen servicios de taxi (en bicis, motos, rickshaws, lo que sea!), productos artesanales, comida callejera, ofician de guías, de agentes, de lo que precises. Ofrecen una vez, insisten una segunda, y respetan al instante tu voluntad sin tocarte ni sentir en ningún momento que estás en peligro. Esa sensación de respeto mezclada con alegría y seguridad me ha hecho disfrutar de su país y de su gente como pocas veces lo había hecho. 

Aunque el sistema educacional es bastante básico y elemental, 100% oneroso (no existe la enseñanza gratuita, se paga a todos los niveles), y atiende solamente a una parte pequeña de la población, no es difícil encontrar gente que hable algo de inglés. En las zonas que viajé, algunas de las autorizadas y abiertas al turismo, la gente se comunica con sus medios, los niños algunos se avergüenzan, pero siempre con la destreza de los gestos y las representaciones mímicas se consigue todo. 

  

 

 

Myanmar tiene más de 50 millones de habitantes; no se sabe con exactitud si son 53, 55, 58… pero supera las cinco decenas (MM). Todo lo que son cifras y estadísticas son dudosas y cuestionables, no hay una única fuente fidedigna, por lo que es difícil hablar con propiedad. Pero me he enterado que pese a que Myanmar está recien abriéndose al turismo y al mundo, el número de visitantes no excede el entorno de los 450.000 por año. Esto, sumado a que mi visita ha sido en temporada baja por las lluvias y calores, encontrarse con un turista es bastante poco probable!. Las miradas de los locales automáticamente se clavan en uno, y es fácil sentir como entre risas y cuchicheos uno es objeto de charla. Hombres, mujeres, niños, todos te clavan la mirada, más aún, cuando durante todo mi viaje he vestido con su tradicional Longyi o Pasou, en lugar de utilizar los shorts o pantalones occidentales. 

 

Myanmar, un pueblo de casi 90% de budistas que dejan sentir como llevan su religión y sus creencias y las aplican a su día a día. Rodeados de miles de templos y templetes, de monasterios y estupas, de figuras de Buddha y altares como nunca había visto en este viaje (sólo recuerdo la India y la isla de Bali, ambos hinduistas, como sitios con tanta presencia religiosa en su vida diaria). Absolutamente fieles y respetuosos de sus tradiciones y su fé, la gente vive construyendo su karma y haciendo mérito para mejorar sus vidas futuras: alimentan a los monjes que pasean todas las mañanas con sus ollas en busca de donaciones y comida, realizan donaciones en los templos o trabajan gratuitamente para mejorarlos. Casualmente durante mi visita coincidí con los tres meses de Lentel Period, en el que casi diariamente y muy muy temprano en la mañana (5 AM), desde los templos suelen hablar por altavoz diciendo los nombres de los donantes, para que los locales tomen el ejemplo y compartan el mérito!. Lindo despertar… bueno, amanece a las 6 AM y la gente ya está en la calle a esa hora, luego invade el calor!. 

 

 

LA HISTORIA DE MYANMAR RESUMIDA EN POCOS PÁRRAFOS.

Es fácil resumir la historia de Myanmar en pocas palabras, porque lo que he aprendido es que el comun denominador ha sido la guerra y no la paz. Por otro lado resulta difícil comprender como un país tan budista puede tener ese pasado. Evidentemente la religión muchas veces acaba siendo la propia condena de su pueblo, como lo ha sido en el caso de los tibetanos, triste realidad que demuestra como aún hoy el poder material acaba sobreponiéndose. 

Desde varios siglos BC la historia del país comienza con la historia de los variados imperios y reinos y sus fervientes luchas, uno detrás del otro, como aconteció también en la mayoría de los vecinos. Pyus, Rakhaings, Bamares, Mons, cada uno de ellos imponía sus propias normas, destruía y construía, trasladaba capitales de un sitio al otro del país. Este país ha tenido decenas de capitales, algunas muy cercanas geográficamente unas de otras. Desde 2006 la capital de Myanmar es Nay Pyi Taw; antes y por escasos años fue Yangón, y de ahí para atrás viene una lista de nombres entre los cuales visité Mandalay, Sagaing, Bagó y Bagan. 

Desde 1824 y hasta 1885 las guerras del imperio birmano fueron con los ingleses, lógicamente, ávidos de intereses comerciales y que en aquel momento ocupaban la India. De hecho Burma (nombre en inglés del país anterior a Myanmar), durante la época de la colonia inglesa estaba controlada y considerada como parte de la British India. Una época colonial que como tantas no hizo más que abusar y maltratar a la población local, y en este caso, incluso faltarles el respeto religioso budista no queriendo descalzarse al entrar a sus templos. 

Aunque la independencia con Inglaterra recién llegó formalmente en 1948, las guerras internas por el poder se sucedieron entre los distintos grupos étnicos. Los monjes siempre jugaron un rol activo en la política, especialmente liderando manifestaciones contra el gobierno. No pasó mucho tiempo luego de esa independencia como colonia inglesa para que el país volviese a caer en manos de dictadores, y desde 1962 el país fue controlado por tiranos que nacionalizaron todo y aislaron al país del mundo. 

Como forma de protestar contra el horror y la política birmana, las principales potencias occidentales y Australia promovieron un boicot turístico y comercial que dejó al país aún más aislado, y que recién en 2010 fue levantado. En medio de problemas y luchas, en 2008 Myanmar sufrió uno de los ciclones más devastadores de la historia, donde se estima que murieron y desaparecieron más de 138.000 personas. 

La lucha histórica por la democracia y quizás el futuro del país está ligado a la familia del héroe nacional Aung San, hoy representado por su hija Aung San Suu Kyi, que pasó 15 de los 21 años desde 1989 en prisión domiciliaria. Desde fines de 2010 fue nuevamente liberada, y lidera el principal partido por la democracia. El pueblo la llama The Lady, y la considera la esperanza del cambio para el país. Recién en 2015 se celebrarán nuevas elecciones que el pueblo espera, aún con esperanza, que de una vez por todas sean respetadas y aceptadas cualquiera sea el resultado.

Me he quedado corto dedicando 15 días del viaje a Myanmar. Como mencioné anteriormente, el país recién está saliendo de décadas de aislamiento del mundo por causa de las políticas opresivas de sus últimos gobiernos, y eso ha limitado el acceso al turismo. No solamente por la voluntad de los turistas en llegar a Myanmar, sino por las posibilidades y seguridades que se le ofrecen. Personalmente antes de venir era consciente de que los últimos años aún de revueltas y esta fase de transición a un gobierno ¨cuasi civil¨ podía mostrarme un país complicado. Sin embargo, me he sentido siempre seguro, consciente de las profundas limitaciones que aún tiene el pueblo y de los problemas políticos que aún existen. 

 

ECONOMÍA.

Para quienes estamos acostumbrados a vivir en países en vías de desarrollo y somos conscientes de los problemas políticos y sociales de regímenes totalitarios, quizás nos soprenda menos ver países como este donde existen profundas diferencias y polaridades sociales. La riqueza no está bien distribuida y el grueso de la misma la tienen unos pocos, principalmente los vinculados al gobierno. Existe una masa de pobreza muy grande, carencias de infraestructura, educación, salud, etc. Los niveles de corrupción son imaginables… 

Myanmar es un país aún principalmente rural (70% del total), con ciudades densamente poco pobladas en relación al total de su población. Un país que supo estar dentro de los más ricos de Asia, y luego pasar a ser de los más pobres. Un país rico en recursos naturales, principalmente gas natural (principal exportador regional), así como petróleo, madera teka, metales (oro y plata) y piedras preciosas (rubíes, jade y zafiro). Un ecosistema riquísimo con todos los climas, fauna y flora, un hotspot de biodiversidad!. 

 

Tierras muy fértiles que aún se explotan con medios rudimentarios donde el trabajo humano es la pieza fundamental. Carretas, arados con animales, mujeres y hombres cargando pesado, condiciones muy básicas. Se destacan los cultivos de arroz, cacahuetes, sésamo, algodón, frutas y vegetales de estación. Durante mi visita comí mucho repollo, berengenas, tomates, patatas, una especie de espinacas, cachuetes, sandía, ananá, papaya, bananas, mangos, y por supuesto, la base de todo, el arroz!. 

  

 

 

 

¨A TABLE¨!.

La comida en Myanmar también me pareció deliciosa. Focalizado en lo vegetariano, me fue algunas veces complicado encontrar una variedad grande de platos especialmente en los puestos de comida callejera, típicos como en la mayoría de los países asiáticos. Me llamó la atención la cantidad de comidas a base de carne de pollo, cerdo, buey y oveja, todas ellas de apariencia bastante aceitosa. 

El sistema del restaurante de comida local clásica es similar en todas partes del país. Una vitrina con las distintas comidas que están a disposición del cliente que quiera acercarse a verlas. Se puede elegir del menú, o directamente desde las ollas, que era lo que obviamente yo hacía!. 

Lo escogido llega en pequeñas porciones en boles, acompañados de un buen plato de arroz y una serie de platillos de acompañamiento indispensables que ya vienen incluídos, conjuntamente con la botella de agua, la sopa o caldo, el té y unos bombones dulces de pasta de alubias (porotos, frijoles, feijao). Llega un plato con vegetales hervidos y una salsa de pescado (probé y nunca más!), una ensalada de vegetales crudos variados y algunos desconocidos, entre otros. Dentro de los platos que más comí fueron los granos variados condimentados con salsas amargas y picantes, hojas de té verde fermentadas mezcladas con semillas de sésamo, cacahuetes, arvejas fritas, mucho ajo y otros ingredientes crocantes desconocidos!. Ensaladas de gengibre y limón, y una sopa tradicional local llamada japati a base de noodles de arroz y vegetales picantes. En algunos sitios y hoteles, principalmente en Bagan, como delicadeza de postre te ofrecen unas pastillas de hojas de tamarindo presentados como pequeñas láminas dulces y agrias, que aunque al principio no gustan, luego acaban apasionando!!. Otras opciones dulces son unos puddings a base de coco y banana, algunos de arroz.

 

 

La comida la acompaño con deliciosa cerveza local. Producen cervezas lager y más encorpadas que son las que prefiero, similares a las uruguayas. Para no olvidarme, las que más me gustaron fueron la Mandalay Red, Dagon Red, Myanmar Lager y Spirulina Lager. Los locales no comen con alcohol, sólo agua o té puro, refrescos. Asímismo destilan una serie de rones, ginebras y whiskies de marcas nacionales que consumen junto con las cervezas en bares y ¨beer stations¨, principalmente público masculino.

En Myanmar no vi comer mucho con la mano derecha como en los países himalayas o musulmanes, aunque me han dicho que sí es una tradición local. Utilizan cuchara en mano derecha y tenedor sólo para ayudar a montar la comida en la cuchara. Sino te dan sólo cuchara y palitos!. 

Opciones de comidas chinas, tai e india son habituales en todas las ciudades y también interesantes tanto para locales como para turistas. No faltan los restaurantes de mejor presentación y presencia, aunque los callejeros son siempre una buena opción para quienes no precisan imaginar donde y como han sido lavados y cocinados los distintos ingredientes… sino pregúntenle a mi tío Raúl, un experto!.  

Una costumbre muy típica de los locales es ir a las TEA HOUSES, donde principalmente los hombres se reúnen a conversar, fumar y beber tés y cafés acompañados de pastelería o solos. El té se bebe con mayor o menor cantidad de leche condensada, nunca sólo en estos lugares (puro sólo con las comidas). Myanmar es productor de té y de café en el norte del estado de Shan, frontera con China. Un café encorpado y con sabor dulce, que aunque no es mi favorito, debo reconocer que no me ha costado nada acostumbrarme. Café como se debe, intenso y negro, nada de american coffee!. 

Me llamó mucho la atención el trabajo ilegal de los niños como camareros, cocineros y demás tareas de restauración en varias tea houses y restaurantes en distintas partes del país. Aunque me informé de que está prohibido el trabajo del menor de edad, supe que es habitual encotrarlos en algunos restaurantes que suelen dar trabajo, alojamiento y comida a niños de familias pobres y carentes de educación. Generalmente dirigidos por uno o varios adultos que coordinan y dan órdenes, estos niños de entre 10 y 13 años, quizás algunos más, suelen atenderte con mucho esmero pero sin mucho conocimiento profesional. En Myanmar los conocen como ¨tea boys¨. É assim!!. 

 

ETNIAS y VESTIMENTA: UN SELLO ÚNICO DE MYANMAR. 

Existen zonas del país a las que los turistas no estamos autorizados a visitar, otras únicamente con permisos especiales. Espero que cada vez más se vayan flexibilizando estas restricciones, ya que entiendo que existe una variedad de opciones de sitios naturales y de riqueza étnica que son interesantísimos de conocer. Hoy los circuitos principales que tienen capacidad limitada de recibir turistas son Yangón (sur), la zona del lago Inle, Mandalay, Bagan (centro este y oeste) y la costa oeste sobre la Bahía de Bengala. De estos, visité las cuatro primeras, y me encontré con un país muy auténtico en el cual pude aprender fácilmente mucho acerca de su gente, sus tradiciones y distinguir algunas de sus diferencias étnicas. A propósito, de las más de cien etnias, nueve son las principales: Bamar (70%), Shan (8%), Kayin (6%), Rakhaing (4%), Mon, Chin, Kachin, Wa y Kayah (8%). Las diferencias en aspecto físico son las más notorias, algunos más oscuros o bastante oscuros tipo indios, otros más café con leche, cada uno con sus dialectos y vestimentas típicas, pero que hoy se encuentran unificados con el idioma bamar que es el oficial. 

En cuanto a la ropa, la mayoría de los hombres usa Pasou (¨pazzou¨) y las mujeres Longyi, en lugar de los pantalones y shorts habituales. Una costumbre que por suerte se mantiene y que los diferencia del occidente, y debo decir, comodísima!. Es como un pareo (género largo que no se abre, hay que vestirlo por arriba o por abajo) que para los hombres suele ser con motivos cuadriculados en variados colores, muy discreto, y para las mujeres con motivos florales. Se usa directamente sobre la ropa interior, y se ajusta a la cintura con un nudo que obviamente tiene su técnica especial!. Esto conjuntamente con las chancletas de colores tipo Havaiianas básicas, camisas a cuadros y blusas coloridas, es el dress code diario de los locales en todo el país. Les encanta ver que los de fuera usemos sus prendas!. 

El uso de estas prendas tan tradicionales y diferentes a la costumbre occidental, una vez más me hace sentir que todavía quedan países que tienen su propia identidad, que la respetan y la llevan con dignidad y alegría. Sin embargo, cuando visité uno de los shoppings que empiezan a verse en las ciudades, me encontré con un público joven que me miraba con diferencia. Ellos en su gran mayoría vistiendo pantalones jeans, yo de longyi (acompañado de gorro tipo Indiana Jones, paraguas que siempre llevo por el sol o la lluvia y mochila) no lo podían creer!. En un sitio donde parece que comienza a invadir la occidentalización y sus costumbres de consumo (tiendas, escaleras mecánicas, restaurantes, cines, …), un occidental perdido queriendo imitar a los locales en lugar de marcar moda!. En fin, todo llega y cambia, espero que demoren en hacerlo, no saben lo que estarán perdiendo!. 

Cuando visité la zona de Inle Lake, estuve cerca del poblado Padaung, famoso por las mujeres que deforman sus cuellos y hombros colocando argollas de metal doradas. También las colocan en las piernas. Tradicionalmente para afear su apariencia, hoy estas mujeres han sido víctimas de su propia cultura, ya que el mundo las ve como una atracción y sólo desea fotografiarlas. Las encontré trabajando en varios lugares donde estaban ¨expuestas¨ al turismo como parte del atractivo y llamador de la tienda, lo cual me pareció absolutamente triste. Por eso me limité a observarlas de lejos y no fotografiarlas directamente.

 

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